Todos podemos ser malos
y los que creíamos buenos,
terminan siendo el opuesto”.
—Hernán Tena Cortés—

Las noticias nacionales e internacionales han encendido las alarmas por los abusos de la fuerza pública en jornadas de protesta o durante el restablecimiento del orden público en situaciones particulares.

En Estados Unidos se hizo viral el caso de George Floyd y en Colombia el de Dilán Cruz; sin embargo, estudios recientes indican que los siguientes países tienen el mayor número de homicidios policiales en el mundo (2021)[1]:

  1. Brasil – 6,160
  2. Venezuela – 5,287
  3. Philippines – 3,451
  4. India – 1,731
  5. Siria – 1,497
  6. Estados Unidos – 1,099

Colombia se ubica en el lugar 21 con 169 homicidios en lo que va corrido de este año (2021), sorprendente ¿verdad? Cualquiera esperaría que nuestro país se ubicara en el top 10, pues las noticias amarillistas inundan los medios y no cabe duda que por campañas de desprestigio, se terminan usando las víctimas para favorecer corrientes políticas, pagar favores o ganar adeptos.

Sin embargo, la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas, el ESMAD y en realidad cualquier institución que invoque autoridad ha perdido popularidad entre la ciudadanía de a pie. Es muy común escuchar comentarios como: “es que Fulanito se cree una “chimba” porque tiene el uniforme puesto”; o, “ese abusa de su uniforme y de la autoridad, pero de civil, no hace nada”.

Mucha curiosidad causa que en Colombia sea constante escuchar ese tipo de comentarios y percibir esos comportamientos en los uniformados, cualquiera que sea el atuendo. Pues no se puede olvidar el secuestro bancario cuando nos dan las cinco de la tarde y el vigilante pone seguro en la puerta, con el fin de esperar que un número de clientes se acumule en la salida para permitir la evacuación.

Tampoco se olvida el agente de seguridad que se encarga de controlar la entrada de pacientes o acompañantes en la puerta de urgencias de las clínicas, luce un uniforme de seguridad privada, muy elegante por cierto, pero a su vez olvida que en su vida personal es un ciudadano de a pie común y corriente.

Luego cabe aclarar que también hay vigilantes, policías, agentes del ESMAD, militares y demás autoridades ejemplares, con don de gente y que le ponen el alma, pues la descripción anterior no es de ninguna manera una regla general, pero si es más común de lo que debería.

Se puede mencionar la denuncia de 1.181 casos y 26 víctimas de abuso policial durante las protestas[2], los dos agentes de tránsito que agredieron a un hombre en Bello, Antioquia[3], las 900 investigaciones que hasta el 30 de octubre de 2020 cursaban en contra de guardas de tránsito en Cali[4] o los miles de falsos positivos que se volvieron a poner de moda en los últimos días.

Aunque no todo el archivo es producto de riñas, restablecimiento de orden o conflicto armado; también fue noticia la niña embera violada por siete soldados[5], el abuso de autoridad en las cárceles de Villavicencio[6] e Ibagué[7], el guardián del INPEC condenado por abusar de su hija menor[8], el presunto abuso de un agente del ESMAD a una menor[9] o las 15 quejas de abuso policial contra periodistas en la ciudad de Bogotá[10].

De lo anterior se identifican dos posibilidades, que el uniforme o la investidura facilitan la transición del bueno al malo; o que en su defecto, la jerarquía tendría el mismo efecto en los ciudadanos. Tras tanta incertidumbre, no quedó más que elevar la consulta a Zimbardo porque en realidad, tiene mucho sentido su efecto.

¿Qué es el efecto Lucifer?

De manera habitual se escucha en las noticias o incluso en los círculos cercanos, que una persona de la que jamás se sospecharía, cometió una conducta improcedente. Podría ser muy simple auto considerarse alguien bueno y quizá más fácil aún, determinar según un bagaje previo, si en cambio se es malo.

Sin embargo, aunque la mayoría de las personas procuran tender hacia la moderación para promover el bien común, también coinciden en formar grupos que compartan características similares para replicar procesos de comunicación o de conducta. En dichos colectivos convienen personas buenas y malas, por lo que resulta importante cuestionar sí es lo mismo una mala persona que una que hace cosas malas; además,  sí la maldad es innata o aprendida, y voluntaria o inconsciente.

Por consiguiente, en el año 1971, el psicólogo norteamericano Phillip Zimbardo se interesó por averiguar si la brutalidad ejercida por parte de los vigilantes de seguridad en las cárceles estadounidenses encontraba su causa en sus personalidades sádicas, o sí en cambio el fenómeno tenía más que ver con el entorno carcelario.

Phillip llevó a cabo uno de los estudios psicológicos más macabros y polémicos hasta la fecha. En el experimento de la cárcel de Stanford el objetivo era investigar la facilidad con la que las personas se adaptarían a los roles de guardia y prisionero.

Para ello,  el investigador convirtió el sótano del edificio de psicología de la universidad Stanford en una prisión simulada, luego anunció el proyecto como un estudio sobre los efectos psicológicos de la vida en prisión y más de 70 personas mostraron interés. Para delimitar la lista, realizó numerosas pruebas de la personalidad para eliminar candidatos con trastornos mentales, discapacidades médicas, antecedentes penales o historial de uso y abuso de sustancias. Finalmente, se seleccionaron 24 estudiantes universitarios varones a quiénes además, se les remuneraría con 15 dólares diarios.

Los 24 jóvenes fueron divididos de manera aleatoria en dos grupos: los guardianes y los prisioneros. El profesor hizo especial énfasis en que la simulación tenía que ser lo más real posible, por lo que sin previo aviso, los presos fueron arrestados en sus propias casas por policías reales y transportados a la comisaría local, donde se tomaron las huellas digitales, firmas y demás registros.

Después, sus ojos fueron vendados para ser trasladados a la parte baja de la edificación universitaria. Allí se toparon con un ambiente muy particular, conformado por puertas y ventanas con barrotes, paredes monocromáticas y celdas de reducido tamaño. También se les asignó un número de identificación con objeto de remarcar las nuevas identidades y se les hizo entrega de distintos atuendos.

Por otro lado, los guardianes vestían uniformes color caqui militar, unas gafas de sol especiales que impedían el contacto con prisioneros y otros utensilios como porras y silbatos. A estos últimos, se les instruyó con un mensaje claro, mantener la ley y el orden en el establecimiento y lograr el respeto de los cautivos sin emplear la violencia física. Por último y no menos importante, el propio Zimbardo actuó también como alcaide de la prisión.

Luego de iniciar el experimento, algunos vigilantes empezaron a acosar a los prisioneros, los reclusos se quitaron las medias, se arrancaron su número de identificación y se atrincheraron dentro de las celdas colocando sus camas contra la puerta para bloquearla, por lo que los guardias tomaron represalias, haciendo uso de un extintor para irrumpir.

Se generó entonces una dinámica de dominio y sumisión basada en la ficción de la cárcel de Stanford, a partir de entonces los voluntarios del experimento dejaron de verse únicamente como simples estudiantes, a personas montadas en cólera que cayeron en la desesperación y algunos acabaron tan atemorizados y trastocados, que tuvieron que marcharse transcurridos pocos días.

Aunque el psicólogo tenía la intención de que la prueba durara una quincena, se dio cuenta de que esta ya era insostenible y optó por cancelarla al sexto día. Zimbardo bautizó el resultado con el nombre de “efecto Lucifer” y lo definió como el fenómeno por el cual personas con un grado medio alto en la escala moral, realizan actos poco éticos, malévolos o deplorables bajo la influencia de determinados contextos materiales y socioculturales.

Dentro de las conclusiones que obtuvo, destacó dos así; en primer lugar, la desindividuación, un proceso mediante el cual el sujeto pierde el sentido de identidad individual, debido al anonimato que ostenta la pertenencia a un grupo, diluyendo con ello la responsabilidad personal y sus consecuencias. En segundo lugar; la teoría de la cosificación, que una persona se mire a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra y por ende, no se considere misma responsable de sus actos.

Al finalizar el experimento, a los miembros del grupo dominante les costaba creer que se hubieran comportado de manera tan brutal, de hecho muchos confesaron que desconocían la existencia de ese lado tan oscuro en sus personalidades, mientras que otros dijeron que actuar desde la autoridad era más divertido de lo que se imaginaban, agregando que el poder podía resultar bastante placentero.

Quizá la conclusión más importante para estas líneas, es que casi todos los individuos son injustos por naturaleza, y que sólo parecen accionar desde el equilibrio por miedo al castigo que impone la ley, o para obtener algún beneficio por buen comportamiento. Así que, ¿cuántas personas dejarían de ser justas si no tuvieran que responder a las consecuencias de sus actos?

¿Cuál es la relación entre el efecto Lucifer y el abuso de autoridad?

El efecto Lucifer puede estar vinculado a los frecuentes abusos de autoridad que se evidencian en Colombia. Por ejemplo, la recurrencia de incidentes que involucran al ESMAD quizá obedezcan a la desindividuación de sus integrantes. Ellos siempre actúan como colectivo, bajo unos uniformes con apariencia de armaduras que terminan contribuyendo a la pérdida del sentido de identidad individual, permitiendo un anonimato que diluye responsabilidades y consecuencias de sus actos. Casos Cristian David Castillo, Jaime Alonso Fandiño Arias o Andrés Grisales Vélez, de muchos otros que han quedado en la impunidad.

Por otro lado, la teoría de la cosificación también se hace evidente en los diferentes casos de abuso de autoridad, sea por la fuerza o a través de la jerarquía en el organigrama de un sistema. Por ejemplo, en la Policía Nacional o en los altos mandos del estado, se toman decisiones por satisfacer los deseos de los superiores y no por criterio propio, para después evadir responsabilidades en un eventual juicio.

“El hoy popular dicho de: “(Fulanito) dio la orden””.

Ante un juicio, rendición de cuentas o sentencia, se normaliza el “tapen tapen” o la lavada de manos con esa frase icónica de uno de los colombianos más nombrado, cláusula que quizá pase a la historia con tinte de aforismo: “fue a mis espaldas”. Del mismo modo, se formaliza el discurso de arrepentimiento y de negación, pues así como le paso a los voluntarios del experimento, estos ciudadanos terminan diciendo que no saben por qué lo hicieron o que simplemente no lo pueden creer.

Finalmente, se concluye que hay mucha relación entre el efecto Lucifer y el abuso de autoridad en Colombia y quizá en otras partes del mundo, pues como lo manifestó Zimbardo, casi todos los individuos son injustos por naturaleza y terminan accionando desde el equilibrio por miedo al castigo que impone la ley, o peor aún, por obtener algún beneficio producto de la buena conducta, algo así como un incentivo. Luego la jerarquía o las funciones de autoridad, terminan eliminando el miedo por la norma, porque además, ellas se convierten en la norma misma, facilitando que el bueno, deje de serlo.

Así entonces, todos podemos ser malos y los que creíamos buenos, terminan siendo el opuesto”.
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[1] https://worldpopulationreview.com/country-rankings/police-killings-by-country

[2] https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20210503-colombia-protestas-violencia-policial-duque

[3] https://caracol.com.co/emisora/2020/12/30/medellin/1609285758_247642.html

[4] https://www.elpais.com.co/contenido-premium/900-investigaciones-hay-en-curso-contra-guardas-de-transito-de-cali.html

[5] https://www.eltiempo.com/justicia/investigacion/nina-indigena-embera-forense-que-atendio-a-nina-violada-por-soldados-en-risaralda-habla-en-juicio-544126

[6] https://www.semana.com/semana-tv/semana-noticias/multimedia/denuncian-abuso-de-autoridad-en-carcel-de-villavicencio/661037/

[7] https://www.elespectador.com/judicial/investigan-al-inpec-por-presunto-abuso-de-autoridad-en-ibague-article-471386/

[8] https://www.fiscalia.gov.co/colombia/noticias/condenado-guardian-del-inpec-por-abuso-sexual-a-su-hija-menor-de-edad/

[9] https://www.eltiempo.com/colombia/medellin/agente-del-esmad-denunciado-por-abuso-sexual-a-menor-de-edad-en-medellin-599824

[10] https://www.rcnradio.com/bogota/autoridades-de-bogota-han-recibido-15-quejas-de-abuso-policial-contra-periodistas-durante

Referencias

https://www.youtube.com/watch?v=4H4RaGZSrc4

 

Por Hernán Tena Cortés | @hernan_tena

Docente y comunicador y director de Diario la Nube. Licenciado en lengua inglesa, especialista en Educación Superior y Magister en Lingüística Aplicada. Actualmente, se encuentra doctorando en Pensamiento Complejo y adelantando una investigación en pedagogía social en la República de Irlanda. Es además estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia y miembro de la Asociación Irlandesa de Traductores e Intérpretes.

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