Muchos coincidimos en la defensa de la institucionalidad cafetera colombiana y no pocos en que su rol debe ir más allá de las odas al simbólico “café de Colombia” y trascender hacia la defensa de la garantía de compra, la participación e intervención en el negocio del café y la fijación del precio.

Precisamente varias cooperativas cafeteras que garantizan la compra de café al productor están en riesgo. Como lo han advertido expertos cafeteros risaraldenses, el mal uso de la herramienta financiera de “compras a futuro”, ha ocasionado un desfase millonario en cooperativas como la de Risaralda, pero igual ocurre en otras del país.

Por otro lado, ha sido la gerencia del Doctor Roberto Vélez la que promovió y privilegió el uso de este mecanismo de especulación financiera sobre un sector que no interviene en la fijación del precio del producto. Tan sencillo como que lo pactado mediante “café a futuro” fue sobre precios promedio de venta de $103.125 por arroba, mientras los precios del mercado promediaban $125.000 (hoy al alza).

Incomprensible sería que se exija a los cafeteros que tras años de malos precios, justo ahora que incrementan, lo vendan a la baja. El problema lo acumula el endeudado Expocafé porque las cooperativas no logran cumplirle, presionando así el déficit para atender compromisos externos.

El meollo lo precisa una voz autorizada para el sector cafetero, Aurelio Suarez, en columna de la Revista Semana: “¿Para quién es la “bonanza”, doctor Vélez?”. Entre varios aciertos, menciona la pérdida de participación de la institucionalidad en el negocio cafetero: “para el periodo entre 2016 y 2020 la Federación exportó menos de uno de cada cinco sacos de café… cada saco de 60 kilos exportado, se vendió en promedio a 210 dólares, menor a los 272 dólares que se vendió entre 2011 y 2015”.

En igual sentido preocupa lo expuesto en el reportaje del diario El Espectador “Café a futuro: ¿la paradoja del sector?” porque antes que corregir, los actuales administradores cafeteros insisten en el error.

Hablamos entonces de la política cafetera que recae sobre una caficultura de costos crecientes y rentabilidad decreciente. Recomendable no responder con astucias, pues son los comités departamentales responsables de los manejos de las cooperativas.

¿Quién asumirá la responsabilidad? La actual dirigencia cafetera que mayoritariamente llegó tras el paro cafetero del 2013 debe hacerlo. Sano es recordar que en aquellos tiempos la prensa local como el Diario del Otún y otros, publicaron completos análisis sobre la crisis y cómo resolverla; pero los oídos sordos del gobierno y el gerente de entonces, empujaron al mencionado paro. 

Visto desde el espejo, los directivos deberán definir si se dedican a difundir cifras de cafeteros en el Sisbén y beneficiados por el Estado ‘mostrando que ya viven más de eso que del café’, o si se concentran en la economía cafetera.

Por Duberney Galvis

Es Licenciado en Comunicación y se desempeña en el área de investigación y reportaje.

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