Finalizando el mes de abril y comenzando el mes de mayo, a la sociedad colombiana se le agotó la paciencia ante un acumulado de abusos gubernamentales que rebozaron la copa.

La reforma tributaria que cargaba aún más impuestos a los ciudadanos, desencadenó movilizaciones que la tumbaron, junto a esta cayeron otras como la de la salud, y hasta tumbaron a personajes del gabinete gubernamental que se creían indestronables, incluso alcanzó para hacer cancelar eventos deportivos de orden continental que planeaban realizar en el país en medio de la agitación social.

Fiel a su naturaleza, la respuesta del gobierno de Iván Duque ha sido la del uso de la fuerza inconstitucional y la letalidad mediante las fuerzas armadas a su mando. Precisamente ante estos delicados eventos nacionales de los que no ha sido ajeno Risaralda, se reabre la discusión sobre el papel de los medios de comunicación y si estos contribuyen a construir una sociedad bien informada, o si el carácter mercantil de muchos, los llevó a sacrificar el derecho a la información y la calidad periodística

En este orden, una premisa para tener en cuenta a la hora de abordar las noticias de la activa participación del paro en Risaralda y su capital Pereira, era que esta es una economía que no produce la suficiente riqueza para sus habitantes, con más del 50% en la informalidad, treinta mil jóvenes que no tienen forma de estudiar o trabajar y alrededor de 219 mil personas de un total de 483 mil, en situación de extrema pobreza. Por ende, como era de esperar, Risaralda jugó un papel protagónico en las jornadas de movilización, sin embargo, para algunos círculos del poder regional las manifestaciones despertaron más que alergias y los medios fungieron de parlantes de sus lamentos.

Luego lo acontecido desde el comienzo del paro en el departamento fue de suma gravedad, jóvenes asesinados y desaparecidos, violentas agresiones de la policía contra la comunidad, militarización, intentos de homicidio desde las tanquetas del ESMAD, actos vandálicos sin total claridad en su autoría. Y la oscura medida reciclada por el alcalde Carlos Maya de promover que gremios y seguridad privada, crearan “un frente común de seguridad” y en consecuencia, ocurriera el crimen de Lucas Villa y sus compañeros sobre el viaducto entre Pereira y Dosquebradas en el que ese día casualmente, falló todo, desde la luz hasta las cámaras y la vigilancia pública.   

Ante los hechos, desde los inicios y transcursos del paro, varios medios locales, desde los tradicionales de radio, prensa y televisión, hasta portales digitales de noticias con amplia audiencia optaron por calcar el papel de los grandes medios nacionales en los relatos para describir estas semanas de movilización. Se ocuparon de ocultar los motivos, el carácter pacífico de la movilización que fue el mayoritario y de tratar las movilizaciones como un tema de orden público, enfatizando en los daños sin profundizar en quiénes realmente estaban detrás de estos.

También informaron con guiones focalizados para construir de forma artificial un retrato perverso del paro con poco sustento real, pero si con coincidencia en el libreto de las autoridades locales y nacionales.

A propósito de los deberes del periodismo, Daniel Coronell, uno de los periodistas más reconocidos de Colombia, menciona que estos consisten en sacar a luz pública algo que alguien quiere ocultar, entender que hay normas no establecidas, valores no escritos que hacen que un medio informe que algo anda mal así ante la ley no implique castigos.

En ese orden de ideas en Risaralda ocurrieron hechos lamentables donde están implicadas las autoridades. Pero una lista grande de medios y plataformas de comunicación web, como TVA noticias, Caracol Radio, Olímpica Stéreo, Eje Al día, Pereira en Vivo (relacionado con el corresponsal de caracol TV en Pereira), Café Caliente Noticias, Canal Véalo, El Urbano, Entérate Pereira, entre otros varios, han guardado silencio convenientemente o abordaron la noticia en una línea contra las manifestaciones y dando prevalencia a los hechos violentos sin desnudar el papel salvaje y cruel de las autoridades.

¿Un grupo importante de medios que no quiere incomodar a los gobernantes ni a sus anunciantes?

Más que eso, la mayoría de estos medios son contratistas en los entes gubernamentales, hecho legítimo, como también es legítimo reclamarles porque informaron de acuerdo al interés de la pauta contractual y no siguiendo el deber investigativo y riguroso del periodismo y la comunicación.

Y es que desde la alcaldía de Juan Pablo Gallo, las comunicaciones han sufrido un notable “cambio”, pues con su estilo farandulero de hacer política, el presupuesto para esta dependencia pasó a ser más del triple. Con la truculenta jugada de utilizar dineros públicos que salen de ítems como los impuestos a los ciudadanos, para pautar en una cantidad de medios tanto grandes como pequeños y así, no solo difundir información institucional, sino además disponer de una enorme “sala de belleza” que permita maquillar o suavizar cualquier medida que vaya en contra de los intereses de la ciudadanía, difundir propaganda sin contrapesos.

Por ende, más que periodistas o medios críticos, tener al alcance comunicadores guiados por la pauta y/o el contrato, como actualmente ocurre con más de veinte medios y portales de comunicación de la ciudad y la región, información que todo ciudadano puede constatar en la alcaldía de Pereira y la gobernación.

Valga mencionar que la crisis de medios presentada en el departamento desde hace varios años, ocasionó una masificación de plataformas digitales que en teoría podrían descentralizar y democratizar el manejo de la información. Pero la realidad es que los círculos de poder han venido jugando con la estrategia de pautar en una gran cantidad de ellos, los cuales al aceptar estas pautas, caen dóciles ante el poder, entregan a sus audiencias marcos interpretativos de los hechos, favorables a sus patrocinadores para posicionar o reafirmar sus intereses económicos, posicionan las agendas de los grupos más poderosos, quedando la ciudadanía en un plano no tan importante y en últimas, dejándose instrumentalizar de quienes en esencia debería estar vigilando y cuestionando. Todas estas son prácticas que han sido analizadas por académicos como Ómar Rincon y Ana Lucia Magrini.

Ante el panorama, parece oportuno mirar qué calidad informativa reciben los habitantes de Risaralda en sus medios locales y si estas formas que se están desarrollando proporcionan a la comunidad información real y completa de sus problemáticas, con calidad periodística para la audiencia del departamento.

Por ahora fue una buena señal que los jóvenes de Pereira denunciaran en redes a portales como Pereira en Vivo y Entérate Pereira, y los hicieran cerrar por un tiempo. También llama la atención al repudio contra Caracol Radio, cuya gerente regional terminó de porrista en una reunión con congresistas de la región en donde se habló de apretar a los medios por la vía de la pauta y de mano dura contra los manifestantes, por cierto ¿aún no ha renunciado?

Hay esperanza porque los risaraldenses han demostrado que no tragan entero, las redes se han convertido en un arma crítica de cubrimiento y de denuncia ante espacios informativos y medios de comunicación que han decidido ponerse del lado del poder y no de la comunidad. Una tarea creciente y constante, que exige a los medios y a los comunicadores, evidenciar sus conflictos de intereses ante la audiencia antes de proporcionar información a nombre de la prensa, la comunicación y el periodismo.

Por Edison Osorio | @edisono85

Es licenciado en comunicación, realizador audiovisual, columnista y docente.

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