Para conocer la postura de cualquier ciudadano respecto al Paro Nacional sin caricaturizarla, habría que preguntarle cómo entiende el conflicto social. El investigador Pedro Luis Lorenzo Cadarso se puso a la tarea de clasificar diferentes teorías alrededor del término. Las agrupó aceptando el riesgo de caer en dos generalizaciones: las concensualistas y las conflictivistas.

Para quienes se identifican con las teorías concesualistas, dentro de las que se encuentran las diferentes corrientes del funcionalismo, el conflicto es una suerte de anomalía (un movimiento espasmódico en palabras del autor) que afecta la armonía del sistema, o sea, de la sociedad colombiana. En este grupo podríamos ubicar a los círculos más conservadores y por supuesto, al gobierno de Duque, que entienden el Paro como una perturbación indeseada.

Por otro lado, existe un conjunto de explicaciones heterogéneas del conflicto que Cadarso presenta como teorías volcánicas. Para estas el eje de análisis es el nivel de tensión social. Cuando la ciudadanía estalla, es porque se han cumplido dos fases: la primera, una acumulación de ansiedades y frustraciones de la gente hasta niveles inaguantables y la segunda, un arranque espontáneo de la ira popular al mejor estilo de la película el Joker de Todd Phillips (2019). En este grupo podrían ubicarse los sectores más radicales del paro que ven en el vandalismo y los bloqueos indefinidos una respuesta apenas lógica a nuestras injusticias.

La paradoja es que ambos bandos (funcionalistas y “volcánicos”) comparten una visión accidental del conflicto social y, en el caso que nos ocupa, del Paro Nacional. Los del primer grupo intentan reprimirlo para retornar a la tan anhelada normalidad; mientras que los del segundo, ven una oportunidad de cambiarlo todo, incluido al modelo económico y al presidente. Lo cierto es que ambas concepciones niegan la naturaleza constante de las contradicciones en la sociedad y limitan el debate y el actuar de los unos y los otros a la coyuntura.

Las teorías conflictivistas por su parte, ven en la contradicción su categoría principal de análisis, incluso, el motor de desarrollo de las sociedades. El Paro Nacional es el modo en el que hoy se expresan nuestros conflictos que ni iniciaron ni terminarán con este. Superar la visión accidental del Paro permitiría sobre todo a los jóvenes, dejar de percibir el actual movimiento como el último round de la lucha política, participando activamente en las movilizaciones, pero proyectándose más allá de estas en procesos de largo aliento, estudiando la realidad y ayudándole a la ciudadanía a organizarse para luchar por reivindicaciones concretas.

Dado que pensamos con el deseo, solemos advertir en los hechos inusuales quiebres históricos cuando es casi seguro que solo se trata de un paso más de un larguísimo proceso de cambio. Pasó con el movimiento en Chile en 2019 y con el Covid en 2020, sucesos a partir de los cuales muchos analistas sucumbieron a la tentación de decretar el final del neoliberalismo, incluso del individualismo o el comienzo de una nueva era, diagnósticos optimistas en exceso de los que solo quedó frustración.

Por Juan Antonio Escobar

Escritor e investigador. Somos lo que hacemos, más que lo que publicamos.

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