En sesión extraordinaria del Concejo Municipal de Pereira, realizada este lunes 25 de agosto de 2025, el tema que se robó la atención fue la socialización del proyecto de acuerdo 29/2025, impulsado por el concejal Héctor Augusto Hernández Tobón. La iniciativa busca regular la labor de los paseadores de perros en la ciudad, estableciendo protocolos que garanticen el bienestar animal y la convivencia ciudadana. El debate, aunque centrado en un asunto aparentemente menor, terminó revelando tensiones políticas sobre competencias legales, impacto social y alcance normativo.
La propuesta plantea límites claros: un número máximo de perros por cada paseador, obligatoriedad en el uso de correas y collares adecuados, separación de los animales según tamaño y necesidades, y capacitación certificada por el SENA. Según Hernández, estas medidas responden a denuncias frecuentes de maltrato o negligencia, como paseadores con 15 o 20 perros a la vez, accidentes en vía pública y problemas de salubridad por desechos no recogidos. “No se trata de caprichos, sino de sentido común y responsabilidad con los animales y la ciudad”, señaló el concejal.
No obstante, desde la oposición surgieron reparos. El concejal Nelson Pulido advirtió que iniciativas similares en Bucaramanga fueron archivadas por falta de competencia de los concejos municipales para regular directamente este tipo de actividades, sugiriendo que el proyecto debería delegar la construcción de protocolos a las secretarías de Gobierno y Desarrollo Rural. A su turno, el concejal Wilford López planteó dudas sobre la pertinencia de vincular al SENA como ente exclusivo de capacitación, mientras que Gustavo Montes expresó preocupación por posibles impactos económicos y dificultades de implementación.
El oficialismo, por su parte, defendió el proyecto como un paso necesario hacia la formalización de un oficio en crecimiento. La concejala Carolina Herrera lo calificó como un avance en cultura ciudadana, mientras que el presidente del Concejo celebró que se abra un debate que, más allá de los animales, también toca la seguridad en el espacio público. En el registro de la sesión no se presentaron impedimentos ni abstenciones; el proyecto fue socializado y pasará a la Comisión Tercera para su primer debate formal.
De fondo, la discusión deja ver dos visiones de ciudad: una que insiste en regular y ordenar actividades emergentes para proteger el interés colectivo, y otra que teme caer en la trampa del exceso de normas sin la suficiente capacidad institucional para aplicarlas. La ciudadanía, por su parte, observa con expectativa, pues lo que se decida impactará directamente en la vida cotidiana de miles de familias que confían a terceros el cuidado de sus mascotas.
La reflexión que queda es clara: Pereira necesita reglas sensatas que garanticen disciplina y seguridad, pero debe cuidarse de no caer en el populismo normativo ni en la improvisación jurídica. Regular sí, improvisar no. Ese equilibrio marcará la diferencia entre una ciudad que avanza con orden y una que se pierde en debates estériles.
