La segunda invitación que le hago a quien emprenda esta bella aventura vivencial de leer El Arte de Sentir, es que deje a un lado los imperativos, los discursos, los dogmas y se ‘entregue’ a la experiencia de indagar y encontrar por sí mismo los misterios de su existencia, siguiendo por supuesto, la orientación magistral de CECE, y teniendo presente mientras lea que: ‘Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos’.»
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