Nos guste o no la violencia, es importante recordar que el grito violento de un pueblo oprimido ha sido y sigue siendo un grito legítimo de quienes no tienen voz. No es excusa para el vandalismo desenfrenado, pero solo ha sido cuando los grupos marginados se tornan violentos que la sociedad y los poderes empiezan a escuchar y a ceder ante sus peticiones.
Autor: Hector Marin
Con el corazón roto se leen los reportes de la Red Comunitaria Trans, indicando el asesinato de 32 personas en 2020. Personas con una valentía y un coraje inigualable, dispuestas a enfrentarse al repudio y a la estigmatización absoluta de una sociedad cerrada y prejuiciosa.
