La historia revela lo que la ideología intenta ocultar.
Hay conversaciones que empiezan como un simple cruce de mensajes y terminan señalando verdades incómodas. Hace poco, por WhatsApp, tuve un intercambio con un zurdo convencido de toda la vida. Entre audios y textos, me soltó una frase que me dejó pensando: “el progreso del último siglo ha sido gracias al capitalismo”. Lo dijo con resignación, casi como quien reconoce algo que no quiere aceptar. Esa confesión, viniendo de alguien que siempre defendió las marchas y los sindicatos, mostró lo que la historia enseña: los avances llegaron más por la economía que por los discursos callejeros.
Le recordé cómo en España, bajo Franco, sin sindicatos ni huelgas legales, surgieron las pensiones y otras políticas sociales. No fue por presión popular, sino por estrategia política de un régimen que entendió que dar beneficios servía para sostenerse. En Colombia pasó algo parecido: Uribe impulsó programas sociales no por amor a la protesta, sino por necesidad de estabilidad y gobernabilidad. La izquierda insiste en que todo lo conquistaron las calles, pero la realidad es otra. Muchas veces el poder, con su propia conveniencia, fue quien entregó beneficios que hoy algunos insisten en atribuirse a los sindicatos.
Esta persona, con toda la calma del WhatsApp, aceptó que los sindicatos no logran nada si no hay voluntad política. “Uno puede protestar hasta cansarse, pero si el gobierno no quiere, no pasa nada”, me escribió. Esa frase, viniendo de él, derrumbó buena parte de los relatos románticos. Porque la verdad es que los avances sociales dependen de quien firma decretos, no de quien grita en una plaza. El progreso no es hijo de la presión popular, sino de la economía y de las decisiones de Estado. Y eso, aunque duela reconocerlo, lo entendió incluso un zurdo de convicción.
Le hablé de Irlanda. En los noventa era un país pobre de Europa. Apostaron por bajar impuestos y atraer empresas como Google y Amazon. El resultado fue el “Tigre Celta”, un salto económico que los puso en el top 5 de la Unión Europea. No fueron sindicatos los que transformaron a Irlanda, sino políticas capitalistas claras: dar ventajas a multinacionales a cambio de empleo y desarrollo. Hoy, aunque padecen crisis de vivienda, disfrutan de mejores condiciones de vida que antes. El zurdo en cuestión aceptó que ahí no hubo milagro social: fue el mercado el que levantó a una nación entera.
También le recordé que en Colombia los docentes no consiguieron sus derechos en la calle. Fue Turbay Ayala, en 1979, quien firmó el estatuto que profesionalizó la carrera. En 2002, Pastrana expidió otro decreto que fortaleció el sistema con evaluaciones. Hoy hay maestros que ganan hasta 15 millones de pesos gracias a esas reformas. Eso no lo entregó un sindicato en paro, lo entregó un presidente con voluntad política. La narrativa de que todo se logró marchando es falsa, luego pudo tener incidencia, sin duda. La historia prueba que las grandes conquistas sociales vinieron desde arriba, no desde el ruido en la calle.
En un audio largo, reconoció algo más: que el capitalismo mejoró la vida de millones. Dijo que el siglo XX y lo que va del XXI son los más pacíficos y prósperos de la historia. Admitió que, aunque siguen existiendo guerras y miserias, hoy hay menos hambre, más salud y más oportunidades que nunca. “Es el mejor momento de la humanidad”, aseguró. Esa frase, salida de la boca de alguien que siempre criticó el sistema, fue casi un sacrilegio. Pero no era opinión, eran datos: cifras del Banco Mundial y de organismos internacionales que confirman esa realidad.
Claro, intentó justificarlo. Afirmó que en Colombia todo llega tarde y que seguimos bajo estructuras oligárquicas. Pero incluso ahí aceptó que las condiciones de vida son mucho mejores que hace setenta años. Reconoció que el mito de que el país es un fracaso absoluto no resiste comparación con la realidad. Hay más salud, educación y empleo que antes. Sí, seguimos en desorden, pero el avance es innegable. Y no se dio gracias a discursos de barricada, sino a reformas económicas y políticas que transformaron la vida de millones. Una verdad que hasta un “progresista” tuvo que reconocer.
Ese día, entre audios y mensajes de WhatsApp, el zurdo terminó confesando lo que siempre negó: que el progreso vino del capitalismo y no de las consignas. Lo dijo con resignación, como quien admite la derrota. Yo lo escuché y pensé en la ironía: mientras algunos repiten que todo se debe a la protesta, la historia muestra que los verdaderos cambios llegaron de gobiernos pragmáticos y de la apertura económica. La izquierda podrá odiarlo, pero no puede ocultarlo. El pueblo merece saberlo: las marchas hicieron ruido, pero fue el mercado el que nos sacó adelante.
Cinco datos curiosos
- Irlanda pasó de ser uno de los países más pobres de Europa en 1990 a estar hoy en el top 5 de la Unión Europea en PIB per cápita.
- El estatuto docente de 1979 fue firmado por Turbay Ayala, no conquistado en paro sindical.
- El sistema de pensiones en España nació bajo Franco, en un contexto sin sindicatos legales.
- El Banco Mundial señala que el siglo XXI es el de mayor reducción de pobreza extrema en la historia.
- En Colombia, más de 20 millones reciben programas sociales creados por gobiernos pragmáticos, no por presión sindical.

