Sin incentivos ni protección,
el arroz colombiano se queda sin espantapájaros.
Hace un año la entonces ministra de agricultura Jhenifer Mojica manifestó que “limitar la discusión del arroz al incentivo de almacenamiento es quitarle el potencial”. Pero a la larga los arroceros — a quienes también tildó de “multimillonarios” — y el país, supieron que el gobierno no desarrollaría ningún potencial, la línea en realidad consistiría en eliminar tan importante incentivo.
Pues bien, los incentivos de almacenamiento como es sabido, contribuyen a estabilizar los precios y reducir la volatilidad, “es una de las etapas de comercialización que permiten enfrentar la estacionalidad de la producción y los excesos de oferta.” García-Salazar, J. A., & Bautista-Mayorga, F. (2022).
Fue por esto que tras las protestas de los arroceros, al gobierno Petro le tocó otorgar una parte de los recursos para el incentivo, aunque por debajo de lo que venía siendo en épocas anteriores. Esto no solucionó el problema porque la estructura básica de los incentivos incluye que este sólo puede implementarse en la práctica en caso que la capacidad de almacenamiento sea suficiente, como también lo referencian los autores citados.
Por otro lado, en cuanto a los impactos por los tratados comerciales, tema bien ilustrado en Colombia, cabe agregar que, al reducir el monto de los recursos del incentivo, se profundizan las asimetrías comerciales, presionando aún más el coeficiente de penetración de importaciones que para arroz fue de 6.6 % en el año 2023. Y no se puede perder de vista el contrabando por la frontera con Ecuador, que como señala el comunicado del comité Agropecuario de Colombia Soberana, quita más del 10 % del precio de la carga.
Considero entonces que el tema del incentivo es transversal a muchos de los puntos que están agitando los arroceros y líderes del gremio, tanto, que un mal acuerdo que omitió estos asuntos de fondo, firmado en el paro pasado, ahora los empuja de nuevo a las carreteras del país. Les corresponderá ponerse de acuerdo para que opere de manera equitativa.
A propósito, caben aquí dos máximas de la movilización social; la primera: a todos asiste el derecho de levantarse de un paro sin que medie necesariamente la obligación de firmar un mal acuerdo. Segunda, la idea del “antes de”, ni para coger impulso; nos indica la piel tostada en cientos de movilizaciones, que no hay brindis previo que valga en eso de pretender acordar con los gobiernos sin tener el apoyo en las carreteras. Pasaría como viene diciendo la gobernadora del Tolima “todo se quedó en reuniones”.
Por consiguiente, tienen la razón los arroceros que protestan porque desde hace años se les reventó el barzón. Han cumplido año tras año con la labor de producir un cereal de alto consumo en los hogares colombianos y ahuyentar la parvada de aves foráneas que se ciernen sobre el cultivo nacional, no obstante, pasados más de dos años de abandono del actual gobierno, tanto el espantapájaros como muchas cosas en el sector, ya no son lo mismo.

