Pereira merece respeto:
la transparencia no es opcional.
La elección del próximo contralor de Pereira debería ser un proceso serio, transparente y ejemplar. Estamos hablando del segundo cargo más importante del municipio, responsable de vigilar los recursos públicos. Sin embargo, lo que se destapó en el Concejo es una vergüenza: de 57 aspirantes inscritos, 37 no cumplieron ni siquiera con los requisitos básicos. En palabras sencillas, más de la mitad de los candidatos llegaron con papeles incompletos, mal diligenciados o, peor aún, con inhabilidades reconocidas por ellos mismos. ¿Así es como se prepara la élite profesional de nuestra ciudad?
Lo más preocupante no es el número, sino el tipo de errores. Ocho candidatos dirigieron la carta de presentación a entidades o mesas equivocadas, como si no supieran a dónde estaban aspirando. Veintidós no firmaron o no diligenciaron por completo el formulario de hoja de vida. Siete entregaron declaraciones de bienes sin validez, mal hechas o sin firma. Y dos, lo más increíble, marcaron que estaban inhabilitados para el cargo. Firmaron bajo juramento que no podían aspirar, y aún así se inscribieron. Es como si alguien dijera en voz alta: “yo no puedo ser contralor, pero igual quiero el puesto”.
La comisión encargada de revisar las hojas de vida no improvisó. Dedicó dos días completos a la revisión, con un equipo de abogados acompañando. Los números son claros: solo 20 de los 57 aspirantes cumplieron cabalmente con los requisitos exigidos por la Resolución 616 de 2025. Lo demás fueron excusas, descuidos y negligencias. La democracia se construye con responsabilidad, y aquí vimos todo lo contrario: un desfile de mediocridad en un concurso que debería ser un ejemplo de pulcritud.
El problema no es solo de forma. Estos errores reflejan una cultura peligrosa en la administración pública: la de creer que todo da igual, que la ley es un trámite, que con una hoja mal hecha se puede acceder a un cargo de poder. Si quienes quieren ser contralores; los llamados a vigilar los recursos, no son capaces de llenar bien un formulario, ¿cómo van a cuidar miles de millones del presupuesto de Pereira? No se trata de un detalle menor, se trata de la esencia misma de la responsabilidad pública.
Y ojo, no es la primera vez que pasa. En concursos anteriores, en distintos municipios del país, se han detectado las mismas irregularidades: hojas de vida incompletas, declaraciones falsas, papeles caducados. Lo grave es que seguimos repitiendo la historia como si nada. Parece que la carrera por los cargos públicos se volvió un chiste, un carnaval de improvisados donde cualquiera se apunta, así no tenga la mínima preparación ni la ética para responderle a la ciudad.
El Concejo hizo lo correcto al exponer las fallas, pero el daño ya está hecho. La gente escucha que 37 de 57 no cumplieron, y lo que queda es desconfianza. Cada error se convierte en gasolina para la indignación ciudadana. Pereira merece respeto. El cargo de contralor no es una rifa, es una responsabilidad que exige excelencia. Aquí se rajaron en lo básico, y eso debería encender las alarmas en todos los rincones de Colombia.
Al final, lo que queda es un sabor amargo. Los ciudadanos cumplen religiosamente sus impuestos, esperan transparencia y reciben a cambio un espectáculo vergonzoso. Mientras la gente de a pie lucha con el desempleo, la inseguridad y el alto costo de vida, la dirigencia política abre un concurso donde la mayoría de candidatos no sirve ni para pasar la primera página. Es un insulto a la inteligencia y al esfuerzo del pueblo pereirano.
El mensaje es claro: estamos solos. Si esta es la calidad de los que buscan vigilar el erario, no esperemos milagros. A la democracia en Pereira la están dejando en ridículo, y lo más triste es que parece que a nadie le importa. Señores, si no son capaces de cumplir requisitos básicos, tengan dignidad: no se postulen. La ciudad necesita guardianes, no burócratas de papel.
Cinco datos curiosos
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El cargo de contralor municipal es considerado el segundo más importante del municipio, después del alcalde.
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Dos candidatos firmaron que estaban inhabilitados, aceptando de antemano que no podían aspirar.
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Ocho aspirantes dirigieron mal la carta: algunos la enviaron a la Asamblea de Risaralda en vez del Concejo de Pereira.
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El comité de revisión necesitó dos días y un equipo jurídico para revisar los documentos de los 57 candidatos.
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Solo 20 aspirantes pasaron el filtro, lo que significa que apenas uno de cada tres cumplió con lo exigido.

