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Hay esperanza porque los risaraldenses han demostrado que no tragan entero, las redes se han convertido en un arma crítica de cubrimiento y de denuncia ante espacios informativos y medios de comunicación que han decidido ponerse del lado del poder y no de la comunidad.

Gracias al Paro Nacional, el país pudo tener una conversación que se debía hace rato, acerca de las causas fundamentales de nuestros problemas y de muchas otras penurias que no habíamos visto o preferimos ignorar. Tal vez, si escuchamos con atención a aquellos a los que parece que nada les gusta, podríamos percatarnos de que el paciente está peor de lo que creíamos y que requiere cuidados inmediatos y tratamientos estructurales de largo plazo.

Así pues, el paro nació con un liderazgo colectivo que tumbó reformas y políticos del gobierno, creció entre el anarquismo impositivo, maduró entre los errados bloqueos y sangrientas represiones, y murió sin un liderazgo reconocido.

Seguramente la gente de bien, en cabeza de algunos senadores y el expresidente, seguirán aplicando las once jugaditas de la propaganda y llegarán fortalecidos a las próximas elecciones. Las campañas publicitarias de autoridad de Vicky Dávila y otros medios, se han robustecido y hoy vemos más anuncios “progobierno” en contra del “castrochavismo” y de políticas opuestas, que antes.

Urge la reconciliación. Urge identificar proyectos comunes. Urge ponernos en los zapatos del otro para ceder en las posiciones e identificar acuerdos en lo fundamental: la búsqueda del bienestar, equidad, desarrollo económico y la convivencia pacífica.

Se dio un desmonte del café, se empezó a ver un auge de venta de tierra cafetera para usarse en el cultivo de aguacate hass. En 2020, el municipio de Pijao contaba aproximadamente con 2000 hectáreas de producción de aguacate, y en los últimos 4 años, el Comité de Cafeteros ha dicho que al año la producción de café ha bajado en un 50%.

Cuando la ciudadanía estalla, es porque se han cumplido dos fases: la primera, una acumulación de ansiedades y frustraciones de la gente hasta niveles inaguantables y la segunda, un arranque espontáneo de la ira popular al mejor estilo de la película el Joker de Todd Phillips (2019).

Esa tarde, L bailó con la muerte antes de que la bala atravesara su cuello, le hizo unas figuras con su pies, tan desafiantes a la parca, que esta, ofendida, disparó su ritmo letal, pues por dentro admiraba y a la vez odiaba profundamente a este hombre azul que la sacaba a bailar sin miedo, que le sonreía a un rostro desdentado, que amacizaba la sombra de un mal sueño…