Close Menu
Diario en la NubeDiario en la Nube
    Facebook X (Twitter) Instagram
    Trending
    • Nataly Córdoba Machado: el poder que ordena sin firmar en la Secretaría de Educación de Pereira
    • Colombia se prepara para un año lleno de descansos en 2026:
    • Pauta sin reglas: lo que Pereira aún no puede auditar
    • Contrato de comunicaciones en la Alcaldía de Pereira: las dudas persisten | Parte II
    • Celso Omar Parra y el silencio administrativo como práctica institucional
    • Cuando la Esperanza se Convierte en Alas
    • Petro, ¡cumpla! regalo navideño
    • Cola para que no nos roben
    Facebook X (Twitter) Instagram YouTube TikTok
    Login
    Diario en la NubeDiario en la Nube
    • Home
    • Análisis
    • Caricaturas
      • Cultura
    • Deportes
    • Educación
    • Política
      • Internacional
    • Opinión
    • Sobre Nosotros
      • Política de Privacidad
      • Política de Cookies
    Facebook X (Twitter) Instagram YouTube TikTok
    Diario en la NubeDiario en la Nube
    Home » Literatura para portarse mal
    Cultura

    Literatura para portarse mal

    Pablo ValenciaBy Pablo Valenciamarzo 21, 2022No hay comentarios9 Mins Read4 Views
    Facebook Twitter Pinterest LinkedIn Telegram Tumblr Email
    Share
    Facebook Twitter LinkedIn Pinterest Email

    “Me gustaría ser amable…

    pero es esa maldita Oficina de Correos”.

    Henry Chinasky. 

    Chinasky  discurriendo por Factótum (1975), un joven Chinasky en La senda del perdedor (1975), Chinasky haciendo de las suyas en la Oficina de Correos en El cartero (1971), Chinasky figurando en retorcidos cuentos. Acaso quién es  ese tal Henry Hank Chinasky para que deambule a placer y tenga pasaporte para estar en los cientos de líneas de Bukowski.

    Tal vez un personaje tan querido y a la vez tan purulento como el mismo Bukowski. Tal vez él mismo. A salvo de la fealdad, a salvo de una nariz de pesadilla y de unos gargajos sonoros. Pero que digo. Sí es él mismo. Un héroe como pocos; un héroe de los vagos, mentirosos, embusteros, depravados, marginados, soñadores. Sí,  los perdedores  también sueñan, aún sin dejar de ser malvivientes, alcohólicos, lujuriosos, jugadores, pendencieros, etc., etc. 

    Bukowski y en consecuencia su alter ego (H.H.C) son héroes que fascinan, porque parecen representar al grueso de la población, o por lo menos, representan sin asco ni pudor esa materia prima que tanto nos encanta abierta o veladamente: sexo, drogas, contiendas, ocio, buena mala vida.

    Y es Bukowski  quien mejor sabe representar la fealdad y asimismo  darle un aura de arte. Él es quien odia escribir pero quien escribe para meterse unos billetes al bolsillo y así poder continuar la juerga. 

    Lee sus versos ante unos imberbes chicos de universidades norteamericanas que le miran con decovión en los ojos, solo permitido a quienes se encuentran frente a su dios personal; lo observan con reverencial atención, y las chicas, bueno, las chicas parecen escurrirse en deseos frente a un patriarca horrendo pero entrañable. Todo esto, con el aderezo de luego escupirles en la cara. Empero, le siguen amando. Porque Bukowski es real.

    El maestro del realismo sucio no se anda con “pendejadas”. Su alter ego, ni siquiera es su alter ego, quiero decir, no se acerca  a esa idea que la literatura psicológica denota como la representación ficcional de otro “yo” que se asemeja en mucho, en actos, emociones y psique al “yo” real. Bukowski no necesita deformar esa posibilidad de la estética literaria. Se basta y se sobra con ser, con haber existido. 

    Chinasky no es su alter ego, es él: sin ribetes dorados, sin falsas ínfulas, sin pretender ser algo sublime. Es un perdedor, un cartero, un factótum, o un follador. Como quiera, es él.

    Atormentado y espoleado  por la figura de Céline y Fante, Charles Bukowski en sus líneas representa lo mejor de la real América del siglo XX: una gran masa de expatriados que ha dejado la diáspora de dos grandes guerras; unos náufragos de sueños que han desembarcado en una tierra que se traga enteros a los menos despabilados.

     La gloria y el poder que pretenden alcanzar en los embarcaderos americanos  no son sino quimeras pintadas en los imaginarios de la destruida vieja Europa. Pero aquí es donde se configura la personalidad del autor, aquí encuentra pábulo su imaginación literaria, aquí crece, atormentado por sus experiencias de escolar y por una violenta figura paterna, aquí se fragua el despropósito de la literatura moderna, coadyuvado  por ese crisol de razas y extraordinarios acontecimientos de la nación más poderosa de la historia; aquí pergeña unas líneas saturadas de hábitos y ocurrencias, de sueños y de desidia, de hilarante imaginación y de sórdidas pesadillas.

    Es también en la maravillosa y abrumadora América donde un apabullado y algo timorato Charles (con nariz de berenjena) encuentra su quehacer en el Correo de los Estados Unidos. El Charles real, entonces no puede dejar de exhibir sus peripecias en sus novelas, su opera prima, es de lejos uno de sus mayores registros autobiográficos. La vida del cartero Chinasky se expone pormenorizadamente; conoce gente a diario, pelmazos a granel,  la recurrente imagen de la “tipa” no se puede zafar de su frente: el culo y las tetas de las parroquianas parecen una ostensible y sacra efigie para el mal ponderado Chinaski. Por su parte, follar y beber, sudar wiski y maldecir son  sacadas de las vividas experiencias de su autor. Chinasky y Bukowsky uno son.

    En esa medida, y para que el resto de los mortales lográramos conocer a este par de “depravados”, no se puede dejar de referenciar la importante participación de Black Sparrow Press, aquella pequeña  editorial que vio en Bukowski un filón insospechado, de tal suerte que se la  jugó toda  por este sacrílego tipejo de aspecto horrendo y sonrisa tan salaz como lunática. 

    Y sí que jugaron sus cartas con riesgo de perderlo todo: permitirle a Bukowski que a placer eligiera los títulos tórridos de sus obras, es un movimiento atrevido; “follar” como parte de un título o repetir la palabra verga (dick) decenas de veces en una obra impía y libre de formalismos estéticos, solo dispuesta a hacer reír o como medio para exorcizar los terribles demonios que asolan a su autor, pues bien, eso merece un aplauso por cuanto tiene de decisión temeraria e iconoclasta.

    ¿Pero cómo entonces  puede una literatura enferma y perversa para muchas opiniones, calar tan hondo en nuestra sociedad actual? Pues bien, hay un renovado interés por este hijo de la vieja Europa, ya pocos parecen desconocer la figura del “abuelo depravado” y los círculos literarios muestran un ejercicio febril en torno a sus escritos, tal como los amiguetes de Fay en El cartero que conforman talleres literarios, asumiendo perfectamente su rol de burros que se rascan la espalda, mientras se leen en un contubernio o sociedad de mutuo elogio. Y Bukowski se lo veía venir. Sabía que la bilis de una época se transmutaría en guirnaldas nomás su carne fuera pasto de los condenados:

    Lo peor de todo es que algún tiempo después de mi muerte se me va a descubrir de verdad. Todos los que me tenían miedo o me odiaban cuando estaba vivo abrazarán de repente mi memoria. Mis palabras estarán en todas partes. Se crearan clubes sociales y sociedades. Será como para volverse loco. Se hará una película de mi vida. Me pintarán mucho más valiente de lo que soy y con mucho más talento del que tengo. Mucho más. Será como para hacer vomitar a los dioses. La especie humana lo exagera todo: a sus héroes, a sus enemigos, su importancia. (Bukowski, 1979, Play the Piano Drunk Like a Percussion Instrument Until The Fingers Begin To Bleed a Bit)

    La respuesta entonces a la pregunta inicial de este párrafo queda abierta a todo tipo de conjeturas, pero de entre todas no puede dejar de destacar la que reseña la divertida narrativa y la desenfadada prosa de alcantarilla del autor que, contra todo pronóstico, le valió un reputado nombre en el egregio panteón de las narrativas malditas.

    Sin duda alguna, Bukowski sigue los pasos de su adorado John Fante: infinidad de  datos autobiográficos son palpables en su personaje Chinasky; la  misantropía es evidente, el desaforado afán de ligar con una y otra, y el derrotismo del diario vivir que junto con el alcoholismo (no por nada nuestro cartero se acuesta a las 2 am  y se levanta a las 4 am para partir hacia su “ruin” lugar de trabajo) establecen paralelismos incontestables. Ambos personajes trabajan para el Estado durante más de una década para luego verse sin una “blanca” en el bolsillo. Ambos hombres manifiestan una declarada animadversión por todo que sea sociedad, por todo lo que represente un estilo de vida “calzado a la medida”.

     Como cualquiera podrá deciros, no soy un hombre muy agradable. No conozco esa palabra. Yo siempre he admirado al villano, al fuera de la ley, al hijo de perra. No aguanto al típico chico bien afeitado, con su corbata y un buen trabajo. Me gustan los hombres desesperados, hombres con los dientes rotos y mentes rotas y destinos rotos. Me interesan. Están llenos de sorpresas y explosiones. También me gustan las mujeres viles, las perras borrachas, con las medias caídas y arrugadas y las caras pringosas de maquillaje barato. Me interesan más los pervertidos que los santos. Me encuentro bien entre marginados porque soy un marginado. No me gustan las leyes, ni morales, religiones o reglas. No me gusta ser modelado por la sociedad. (Bukowsky, 1973, Se busca una mujer)

    No obstante, esa figura de semental, de tipo duro y de desobligado, se cae a pedazos cuando la intrigante y divertida personalidad de Chinasky se escurre en debilidad sentimental (refrescante para la realidad) ante determinadas situaciones en El cartero, demostrando ese lado humano que se esconde amargamente tras ese indeseable, forjado y galvanizado en mil capaz de miseria. Y  es que no podría entenderse de otra manera: un Chinasky furioso con Joyce por patear al perro, un Chinasky solicitando a gritos ayuda para el bueno de G.G. en la Oficina de Correos, un Chinasky derrumbado ante la muerte de Betty, no solo demuestra ese cariz cálido y tierno del perdedor, sino que también arroja fuertes luces del porqué un viejito verde y mañoso logra despertar tamaña admiración a pesar de lo execrable (para unos) de su prosa y lírica.

    Enhorabuena ambos personajes decidieron abandonar sus ruines vidas, alimentar la fantasía con el hambre y la necesidad, dar el salto de fe y abrazar el gran reto de sus existencias. Aun cuando sus carnes ajadas y trémulas les dictaran la escapada hacia el retiro, Chinasky y Bukowski se decantaron por plasmar sus años más retorcidos y perversos en una hoja en blanco.  Prefirieron morir de hambre y escribir e intentar vivir del cuento, antes que volverse locos en una estafeta. Y que se sepa, uno de ellos lo logró.

     

     

    bukowski cultura Literatura mal para portarse reseña
    Share. Facebook Twitter Pinterest LinkedIn Tumblr Email
    Pablo Valencia

    Amante a rabiar del cine, el jazz, la literatura y de las horas interminables frente a una hoja en blanco y algún artificio de escritura. A la sazón, fuera de su oficio docente, se dedica a la escritura creativa y la ilustración. Además, es fundador del ya premiado proyecto educativo Mickey Mono Power.

    Related Posts

    La respuesta del Colegio Hans Drews deja más preguntas que certezas: ¿por qué no se notificó a la Fiscalía? | Parte II

    diciembre 9, 2025

    PETRO AÑO UNO

    agosto 3, 2023

    SOMOS UN LATIDO QUE CREA

    julio 29, 2023

    La codicia de Hollywood rompe el saco

    julio 21, 2023

    La democracia enferma

    julio 20, 2023

    Verdad, Justicia, Reparación

    junio 29, 2023
    Leave A Reply Cancel Reply

    últimas publicaciones

    Nataly Córdoba Machado: el poder que ordena sin firmar en la Secretaría de Educación de Pereira

    enero 22, 2026

    Colombia se prepara para un año lleno de descansos en 2026:

    diciembre 29, 2025

    Pauta sin reglas: lo que Pereira aún no puede auditar

    diciembre 20, 2025

    Contrato de comunicaciones en la Alcaldía de Pereira: las dudas persisten | Parte II

    diciembre 20, 2025

    Celso Omar Parra y el silencio administrativo como práctica institucional

    diciembre 18, 2025

    Cuando la Esperanza se Convierte en Alas

    diciembre 18, 2025
    Diario en la Nube
    Facebook X (Twitter) Instagram YouTube TikTok
    © 2026 Diario en la Nube .

    Type above and press Enter to search. Press Esc to cancel.

    Sign In or Register

    Welcome Back!

    Login to your account below.

    Lost password?